Esta leyenda sucedió por las calles de la Merced, en la ciudad de México, en la época de la Santa Inquisición, se conto que en ese tiempo los padres pactaban los matrimonios de sus hijas, y las pobres mujeres tenían que aceptar aunque no les gustara.
Se conto que existió una bella mujer, la cual contaba con el amor de un joven, el cual servía al virrey que en ese entonces vivía en México y que de pronto le ordeno que tenía que viajar fuera de la ciudad para ver asuntos importantes.
La joven al saber de ese viaje, le pidió al joven que se casara con ella antes de que fuera de viaje, ya que su padre ya había pactado con un doctor para que ella se casara en seis meses, pero sí el pedía su mano antes, se podrían casar y no se casaría con alguien a quien ella ni conocía ni amaba.
Pero el joven, le dijo que su viaje iba hacer corto y a su regreso se casarían, pero no fue así, el viaje del joven se prolongó más de lo pensado y la chica tuvo que casarse con la persona que su padre había elegido para élla.
El hombre con el que se caso, era un excelente médico, el cual era reconocido porque enfermo que llegaba a su consulta sanaba, la gente llegaba a pensar que realmente era milagroso lo que hacía hasta con enfermos casi terminales. La mujer veía que no solo iba gente pudiente a consultar a su esposo, sino que también iba gente humilde la cual era atendida igual.
Una noche la joven le pregunta a su esposo como es que curaba tan bien a gente que se encontraba muy enferma, le decía que cual era su secreto. El joven doctor riendo, le contesta a su esposa que porque él tiene pacto con el diablo, la joven se asusta y le dice, no digas esas tonterías porque me asustas, el doctor comenzó a reír y acariciando a su esposo no dijo más nada y salió de la habitación riendo.
La joven reconocía que su esposo era un buen hombre, pero no dejaba de pensar y de acordarse de su primer amor, el cual se había ido y nunca le envió unas letras en las cuales le dijera que la seguía amando y recordando, ella reconocía que el buen trato de su esposo hacía que ella fuera interesándose en él, sobre todo porque no hacía distingos con sus pacientes.
Una mañana, entro a su alcoba su fiel sirvienta y le entrego un sobre, el cual pertenecía a su añorado amor, dentro del sobre, se encontraba una misiva, donde le decía que había regresado y que no la había olvidado, aunque sabía que se había casado, pero que él deseaba verla aunque fuera un momento para poder despedirse de ella para siempre, pero que quería llevarse el recuerdo de su bello rostro.
La mujer al leer tal mensaje, al momento la emocionó, pero recordando que era una mujer casada y que no podía ofender a su esposo, el cual con ella era todo un caballero y un buen hombre, decidió decirle a su sirvienta que no iba a contestar y que si lo volvía a ver le dijera que ella ya no tenía nada que hablar con él, que ella era feliz con su esposo.
Así pasaron los días, y el enamorado no perdía oportunidad para poder hablar con ella, y la fiel sirvienta de la joven era la que le decía como se encontraba su ama, y un día le dijo que el esposo de su ama, estaría fuera, ya que tenía que atender a un paciente fuera de la ciudad y la mujer se quedaría sola por algunos días, así que el joven aprovechándose de la información, le pidió a la mujer le dejara la puerta abierta para poder ver a su ama, dándole unas monedas, la sirvienta acepto.
Al llegar la noche, la sirvienta dejo la puerta abierta y el joven enamorado entro sigilosamente hasta la recamara de la mujer, la cual ya se encontraba en su lecho, pero al momento de ver su puerta abrir, se espanto al ver al hombre del cual sabía que aún seguía amando. Al momento se espanto y lo rechazó, pero el aprovechándose de su confusión la beso apasionadamente y la joven sucumbió ante tal apasionamiento, nunca pensaron que el esposo de la joven llegaría en ese momento y los encontraría en su propio lecho.
El doctor había regresado antes de lo previsto y lo que encontró lo llenó de cólera, deseando matarlos a ambos, pero decidió cambiar de táctica, sobre todo con su esposa a la cual había amado sinceramente y jamás pensó que iba a ser traicionado por ella.
Al mozalbete que había ofendido su honor le dijo, que como había recibido los favores de esa mujer traicionera, tenía que pagar por los favores recibidos y que después se podía ir, el cobarde hombre, salió temblando de miedo, dejando a la mujer a su suerte y sin voltear a verla.
La mujer quedo sola y callada en su lecho, esperando la reacción de su esposo, pero el hombre solo se le quedo mirando con mucha rabia, en su mirada ella no sabía que veía, ya que solo la miro y salió dando un fuerte golpe en la puerta.
Al otro día, la mando llamar para que tomaran sus alimentos, y la joven bajo con miedo y se sentó en el extremo de la mesa y a un lado de ella, se encontraban las monedas que su amante le había dejado como pago de su traición.
Ella le suplico a su esposo que la perdonara, que ella no supo como él había entrado a su alcoba, que ella no lo había citado, le pidió que podía acusarla a la Santa Inquisición por haberlo ofendido que ella estaba presta para acatar su voluntad. Pero el doctor no dijo nada, siguió tomando sus alimentos, sin tomarle atención, así pasaron varios días los cuales se volvieron meses, en los cuales, ellos tomaban sus alimentos juntos, pero nunca había una palabra entre ellos, pero lo que nunca faltaba en la mesa, eran las monedas que su amante le había dejado. Todo esto hizo que la pobre mujer se volviera loca, se la pasaba pidiendo perdón a cada esquina de su casa, hasta que llego un día en que su esposo la encontró muerta, ella sola se colgó en su recamara y dejando una pequeña nota pidiéndole perdón a su esposo.
A partir de ese día, el joven doctor vivió solo, los únicos que lo acompañaban eran los sirvientes, el seguía tomando sus alimentos como si no hubiera pasado nada, pero una noche en que se encontraba comiendo, escucho que alguien ponía unas monedas en su mesa y al acercarse, no se veía nada. El pensó que lo había imaginado, y se retiro a sus aposentos, y estaba por acostarse cuando de pronto escuchó un sollozo lastimero y el espectro de su esposa pidiéndole perdón, el pobre hombre casi se le salen los ojos al ver ese horrible cuerpo caminando hacía el pidiéndole perdón, el hombre se tiro en su cama tapándose la cara, pensando que era su imaginación que no podía estar viendo ese horrible espectro.
Así, que en la misma forma en que el trato a sus esposa, recordándole todos los días su traición, el también a partir de esa noche, ya fuera en la mañana, tarde o noche, escuchaba que alguien ponía en la mesa monedas y unos lastimeros sollozos, pero en la noche, aparte de el sonido de las monedas, veía a su esposa pidiéndole perdón y llorando, el doctor al igual que su esposa, empezó a perder la razón, pero nunca salieron de sus labios el perdón que su esposa le pedía, hasta que una mañana los sirvientes lo encontraron muerto, con lagrimas en sus ojos y con monedas de oro en su mano.
A partir de la muerte del gran doctor, empezaron a escucharse lamentos en las calles de la merced, llegaron a decir, que se veían en la noche, el espectro de un hombre y tras de él, el espectro de una mujer pidiéndole perdón y llorando.
Aún en la actualidad, algunas personas que pasan por esas calles, dicen haber visto esos espectros, uno adelante y la otra atrás pidiendo perdón y llorando.

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