JOSE MARIA JARABO (Llamado el asesino seductor)

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José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Morris, su verdadero nombre, aunque más conocido como José María Jarabo.  Nació el 28 de abril de 1923, en Madrid España, hijo de José María Jarabo Guinea de 30 años, y de María Teresa Pérez Morris, de 22 años.

Fue un criminal español, muy célebre por haber asesinado a dos hombres y dos mujeres, una de ellas se encontraba embarazada.

Nacido en el seno de una buena familia (era pariente del que sería ministro de justicia, Francisco Ruíz Jarabo y Baquero).  Fue educado en buenos colegios de los Estados Unidos, regresó a España en 1950, mientras su familia permanecía en Puerto Rico.

Debido al tren de vida despilfarradora, en un año gastó su fortuna, unos 15 millones de pesetas de aquellos tiempos, lógicamente de momento quedo escaso de dinero y con la amenaza familiar de regresar a España, lo que hubiese acabado con su tren de vida y en el chalet familiar en la calle Arturo Soria, hipotecado.

Pero retrocedamos un poco para situar a nuestro personaje en su exacta dimensión, su carácter de vividor, que llevaría en los últimos ocho años entregado al alcohol, drogas y mujeres, sus amigos decían que sabía vivir y divertirse como nadie.  Era un tipo viril, capaz de cautivar a señoras y señoritas, poco le importaba la condición de las mismas, basándose en su simpatía y en su carácter  , aseguraban que era un gran seductor dotado de una gran planta, una enorme labia y un descomunal miembro.

Sus enemigos decían que era un despilfarrador, un vago y un enfermo sexual.  Seguramente, todos tenían razón, Jarabo, es un dandy en tiempo de crisis, ya que lleva un tren de vida muy por encima de sus posibilidades, no tiene trabajo, pero se ha acostumbrado a vivir como rey, con el dinero que su madre le envía puntualmente desde Puerto Rico.

Pero llego el momento que sus cuantiosos gastos, ya no le permiten cubrirlos con los giros de su mama, esto lo obliga a hipotecar el chalet familiar y se cambia a una pensión que consta de un cuarto con una cama.

Por esas fechas, una de sus amantes, la inglesa Beryl Martin Jones, comenzó apurarlo para que le devolviera una joya de brillantes, regalo de su marido, y que ella le había entregado para que Jarabo, la empeñara en la casa “Jusfer,” ubicada en la calle alcalde Sainz de Baranda., de dicho empeño por la joya obtuvo 4000 pesetas, un importe demasiado bajo de acuerdo al valor real de la joya.

Ahora ella, la única mujer a quien había querido, le exigía la joya y desde Inglaterra le envió una carta recordándole por última vez que debía devolverle la sortija, y le adjuntaba una autorización suya como propietaria, documento imprescindible para desempeñarla, y una comprometedora carta de amor con diversas confesiones intimas.

Para agravar su situación, sus familiares amenazaban con regresar de Puerto Rico, esto era grave para él, y así sin pensarlo Jarabo, se acerco con la carta en la mano a la casa de empeños “Jusfer”, ubicada en la calle ya mencionada, como tenía las cuatro mil pesetas para desempeñar la joya, enseño la carta y cometió el error de dejarla, los prestamistas, tomaron la carta como prenda.

Sin dinero para recuperar lo empeñado, José María Jarabo, tomo la decisión de recuperar la joya y carta, a como diera lugar, y así el 19 de julio de 1958, pasadas las 9 de la noche, se dirigió no a la tienda, sino al domicilio del señor Emilio Fernández, en la calle Lope de Rueda 57, 4º, al llegar toma toda clase de precaución para evitar dejar huellas en el ascensor, timbre y puerta.  Le abre la puerta la criada Paulina Ramos Serrano, de 26 años, solo cuando este dice ser amigo del dueño de la casa, la criada le indica que espere al señor en el salón, ya que no tarda en llegar, pero al primer descuido la sujeta por el cuello y la golpea con una plancha que encuentra a la mano, la criada intenta gritar y lucha con Jarabo, quien agarra un cuchillo de la cocina y de un solo golpe en el pecho, le parte en dos el corazón, después traslada el cuerpo  de la infortunada joven hasta su cuarto, donde la avienta toda desmadejada sobre la cama.

Para esto, ya pasan más de las diez, cuando el dueño de la casa abre la puerta y llama de un grito a la criada, pero nadie le contesta.  Emilio Fernández, se encamina al cuarto de baño, donde Jarabo lo sorprende, lo abraza y le dispara en la nuca, causándole la muerte en forma instantánea.

Tiempo después, llega la esposa de Emilio, señora Amparo Alonso, y de pronto se encuentra con Jarabo, quien le explica que es inspector de hacienda y que Emilio y Paulina han salido con unos compañeros suyos, para aclarar un asunto de tráfico de divisas, queda muy extrañada, y no creé lo que dice Jarabo, ya que su aspecto no corresponde con lo que está hablando.

Entonces ella huye por la casa, buscando protegerse pero Jarabo la atrapa en su dormitorio, la sujeta y le dispara en la nuca, la muerte de Ampara fue doble por estar embarazada.  Posteriormente se dio a la tarea de buscar la joya y la carta en toda la vivienda, no encontrando nada de lo que quería recuperar.  Luego se cambió de camisa y dispuso la vivienda y los cadáveres de tal forma que dieran la impresión de un crimen de tipo sexual, y paso allí, la noche durmiendo entre los muertos por que la puerta del edificio estaba cerrada.

Al día siguiente por la mañana, se encamina al cine Carretas, un cine de función continúa, luego en la tarde se la pasa descansando en la pensión donde reside y espera a que llegue el lunes para intentar su última jugada con el socio de Emilio Fernández, Sr. Félix López Robledo.

Y llego el lunes 21 de julio de 1958, Jarabo, espero al señor Feliz López Robledo a la entrada del negocio, y sin darle tiempo a nada, le disparo dos tiros en la nuca, muriendo en el acto, luego entró en la tienda e hizo un registro completo sin encontrar la joya ni la carta.

Ese mismo día llego el traje ensangrentado a una tintorería del numero 49 de la calle Orense y paso la noche con dos mujeres y paseando en taxi.

La mañana del 22 de julio, la policía lo detuvo en la puerta de la tintorería, para esto ya se habían descubierto los cuerpos de los asesinados y además el encargado de la tintorería había informado a la policía sobre el encargo solicitado por Jarabo.

Sin oponer resistencia, Jarabo, pidió que subieran comida desde “Lhardy”, para todos, una botella de coñac francés y también consiguió que le dieran una inyección de morfina.  Y así fue contando toda la historia que lo orillo ala crimen, también manifestó que lamentaba profundamente la muerte de las dos mujeres, pero no así de los que le habían chantajeado.

El 29 de enero de 1959, inició en el Palacio de Justicia de Madrid, el juicio de José María Jarabo, la sala se lleno de famosos y conocidos artistas como Zori o Sara Montiel, algún torerro y esposas de altos personajes.

El juicio duro cinco días, y José María Jarabo, estrenó traje cada día, la condena consistía en cuatro penas de muerte, intento hacer uso de sus influencias, especialmente la de su tío, entonces presidente del tribunal supremo.

Sin embargo el general Francisco Franco, dio el visto bueno para la ejecución fijada para el 4 de julio de 1959.  La noche antes de su ejecución Jarabo, se paso fumando y bebiendo whisky, pero eso si se presentó ante el verdugo vestido de gala, aunque se vino abajo ante la presencia del garrote.

Dada su fortaleza física y lo grueso de su cuello, y si agregamos la debilidad del verdugo, Antonio López Sierra, tardo largo rato en morir.  Jarabo fue el último ejecutado con “el vil Garrote”, en cumplimiento a sentencias dictadas por la Jurisdicción Ordinaria.

Y así acabo la vida de este criminal español, que no dudo en quitarles la vida a cinco inocentes, a quienes no olvidan sus familiares y sociedad testigo .

Sr. Emilio Fernández Diez, Amparo Alonso Bravo y su bebe, Paulina Ramos Serrano, y Félix López Robledo, descansen en paz.

Sobre esta historia no hay comentarios, porque en la actualidad hemos rebasado crímenes con más crueldad.

EL BARDO.

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